¿Sabía que el peróxido de hidrógeno no solo es un agente desinfectante ampliamente utilizado en industrias como la de la salud o la cosmética, sino también un aliado poderoso en el campo agrícola? Gracias a sus propiedades oxidantes y su descomposición segura en oxígeno y agua, el peróxido de hidrógeno permite optimizar los recursos hídricos, controlar microorganismos nocivos y mejorar la oxigenación del suelo sin dejar residuos tóxicos. Sin embargo, para garantizar sus beneficios, es indispensable conocer las dosis apropiadas, su correcta aplicación y las recomendaciones de seguridad.
En esta nota de Amoquímicos encontrará una guía detallada sobre las aplicaciones del peróxido de hidrógeno en la agricultura, sus ventajas frente a otros productos y su impacto positivo en la sostenibilidad del sector.
Importancia de la dosificación correcta del peróxido de hidrógeno
La eficacia del peróxido de hidrógeno depende directamente de una dosificación precisa. Aplicar concentraciones inadecuadas, ya sea por exceso o por defecto, puede generar efectos indeseados, como fitotoxicidad en los cultivos o ineficiencia en el tratamiento del agua. Por eso, conocer y aplicar correctamente la cantidad adecuada para cada uso es fundamental para lograr resultados sostenibles y seguros.
Una dosificación correcta garantiza:
- Eficacia en la desinfección sin dañar los cultivos: una dosis bien ajustada permite eliminar hongos, bacterias y virus sin alterar la fisiología de las plantas ni afectar la microbiota benéfica del suelo.
- Control real de patógenos en sistemas de riego: cuando se usa en circuitos de fertirriego, el peróxido puede eliminar biopelículas, algas y acumulaciones orgánicas. Pero una mala dosificación puede dañar tuberías o no eliminar completamente los patógenos.
- Optimización del uso del agua y oxigenación del sistema radicular: el oxígeno liberado por el peróxido mejora la respiración de las raíces, pero esto requiere una concentración adecuada para no alterar el equilibrio osmótico del suelo o sustrato.
- Reducción de residuos y mayor sostenibilidad: una dosificación adecuada evita el desperdicio del producto y reduce la carga química residual en el entorno agrícola.
- Cumplimiento de normativas y buenas prácticas agrícolas (BPA): usar la dosis correcta permite trabajar dentro de los márgenes legales y técnicos establecidos para este tipo de sustancias en el agro.
- Rentabilidad en la inversión del insumo: sobredosificar implica un gasto innecesario, mientras que subdosificar puede implicar reaplicaciones o pérdidas por problemas sanitarios no resueltos.
Beneficios del peróxido de hidrógeno en la agricultura

La incorporación del
peróxido de hidrógeno en prácticas agrícolas modernas se ha convertido en una solución eficaz, económica y ecológica para diversos retos relacionados con el riego, la sanidad vegetal y la calidad del suelo. Su uso, cuando se realiza de manera controlada, no solo protege los cultivos, sino que también optimiza recursos fundamentales como el agua y los fertilizantes.
Estos son los principales beneficios de su aplicación en la agricultura:
- Mejora la calidad del agua de riego: el peróxido actúa como un potente oxidante que elimina bacterias, algas y residuos orgánicos en el agua utilizada para riego. Esto resulta especialmente útil en sistemas de fertirriego, donde las obstrucciones en goteros por biofilm o acumulaciones orgánicas afectan la eficiencia del sistema.
- Aumenta el oxígeno disponible en el suelo y en soluciones nutritivas: al descomponerse, el peróxido libera oxígeno en el entorno radicular, lo que favorece la respiración celular de las raíces, promueve un crecimiento más vigoroso y mejora la absorción de nutrientes. Este efecto es especialmente valioso en suelos compactados o mal drenados.
- Previene y controla enfermedades causadas por hongos y bacterias: el uso controlado de peróxido de hidrógeno contribuye a disminuir la carga patógena en el entorno del cultivo, actuando como desinfectante en el tratamiento de semillas, suelos y sistemas hidropónicos, sin dejar residuos tóxicos.
- Evita la proliferación de algas en tanques y tuberías: la oxidación que genera el peróxido impide el crecimiento de algas en sistemas de riego, esto prolonga la vida útil de las instalaciones, mejora la eficiencia del flujo de agua y reduce la necesidad de limpiezas frecuentes.
- Favorece el enraizamiento y desarrollo inicial de las plantas: gracias a su acción oxigenante, el peróxido de hidrógeno puede estimular la formación de nuevas raíces en esquejes y plántulas, acelerando el establecimiento del cultivo y su vigor inicial.
- Es amigable con el medioambiente: a diferencia de otros químicos, el peróxido se descompone en agua y oxígeno, sin generar residuos tóxicos. Esto lo convierte en una opción ideal para prácticas agrícolas sostenibles y respetuosas con el entorno.
- Complementa la nutrición del cultivo sin interferencias: en bajas concentraciones, puede mejorar la disponibilidad de nutrientes en la solución nutritiva, evitando bloqueos que se presentan por acumulaciones de materia orgánica o contaminación biológica.
Dosis recomendadas según el tipo de aplicación

La dosificación de este tipo de
productos químicos en Colombia varía según la finalidad de uso, el sistema de cultivo y la etapa fenológica de las plantas. A continuación, listamos las dosis más recomendadas según cada tipo de aplicación, basadas en prácticas agrícolas extendidas y comprobadas:
- Tratamiento de agua de riego (purificación y oxigenación)
El peróxido se utiliza para eliminar biofilm, algas, hongos y bacterias del agua de riego, lo que mejora la absorción de nutrientes y evita la contaminación cruzada. En estos casos, se aplican soluciones de peróxido al 35% en dosis que oscilan entre 30 y 50 ppm (partes por millón). Para limpiezas profundas o correctivas en sistemas altamente contaminados, se puede elevar la concentración hasta 80 ppm, siempre con estricta supervisión técnica para evitar efectos corrosivos o fitotóxicos.
- Sistemas de riego por goteo (prevención y mantenimiento)
En instalaciones de riego tecnificado, el peróxido ayuda a mantener limpios los goteros y evita la formación de algas y sedimentos. Para mantenimiento preventivo, se recomienda una dosificación continua o intermitente de 25 a 40 ppm, dependiendo de la calidad del agua. Para limpiezas correctivas, pueden utilizarse concentraciones más altas (hasta 60 ppm), seguidas de enjuague con agua limpia para proteger las líneas y válvulas.
- Oxigenación del suelo o sustrato (especialmente en hidroponía)
El químico mejora el equilibrio oxígeno-agua en el sistema radicular, promoviendo raíces más saludables y reduciendo la proliferación de patógenos anaeróbicos. En cultivos sin suelo, se recomienda aplicar entre 1 y 2 ml de peróxido al 3% por litro de solución nutritiva, dos o tres veces por semana. Esta dosis asegura una oxigenación eficaz sin riesgo de quemaduras radiculares.
- Desinfección de suelos, sustratos y bandejas de germinación
Antes del trasplante, es indispensable sanitizar suelos, charolas o macetas para eliminar patógenos persistentes. Se aconseja una dilución de peróxido al 3% en una proporción de 1 parte de peróxido por 10 de agua. Esta solución se puede rociar directamente sobre las superficies, dejándola actuar entre 5 y 10 minutos antes de enjuagar con agua limpia. Esta práctica evita la aparición de enfermedades fúngicas como Fusarium o Pythium en las plántulas.
- Tratamiento de semillas (prevención de infecciones)
El peróxido actúa como agente esterilizante en la superficie de las semillas, ayudando a eliminar bacterias y hongos que podrían comprometer la germinación. Se recomienda sumergir las semillas en una solución al 3% durante 10 a 15 minutos, y luego enjuagarlas con agua potable y dejarlas secar a temperatura ambiente. Esta técnica es especialmente útil en cultivos de hortalizas y cereales.
- Aplicación foliar (control preventivo de enfermedades)
Como fungicida y bactericida natural, el peróxido se puede aplicar sobre el follaje para prevenir enfermedades como mildiu, botrytis o bacteriosis. Para esta finalidad, se diluyen 5 ml de peróxido al 3% por cada litro de agua, y se aplica en pulverización fina sobre las hojas, tallos y frutos. Se recomienda hacerlo en las primeras horas de la mañana o al final de la tarde, para evitar daños por radiación UV combinada con oxidación.
Recomendaciones de uso seguro del peróxido en el agro

Aunque es una herramienta altamente efectiva y versátil para la agricultura, su carácter oxidante exige una manipulación responsable. La seguridad en su uso no solo protege a quienes lo aplican, sino también la vida útil de los cultivos, la eficiencia de los sistemas de riego y la sostenibilidad de la operación agrícola. Descubra a continuación algunos tips generales que los expertos en la
venta de peróxido de hidrógeno emplean para garantizar un uso seguro en el sector agropecuario:
- Leer y respetar la ficha técnica y la hoja de seguridad (MSDS): antes de utilizar cualquier presentación de peróxido, se debe revisar su concentración, condiciones de almacenamiento, compatibilidades y medidas de seguridad. Esto ayuda a prevenir errores de manipulación y accidentes que pueden evitarse con una lectura previa del producto.
- Almacenar en lugares frescos, ventilados y alejados de la luz directa: el peróxido es sensible al calor y a la luz solar, factores que pueden degradarlo o generar presión en el envase. Debe mantenerse en su recipiente original, bien cerrado y lejos de fuentes de calor, chispas o materiales inflamables.
- Evitar mezclar con otras sustancias sin asesoría técnica: a pesar de que puede combinarse con ciertos productos, como ácidos orgánicos o agentes quelantes, otras mezclas pueden generar reacciones peligrosas. Por eso, nunca debe mezclarse con productos ácidos, amoníaco u otros oxidantes fuertes sin una evaluación profesional.
- Aplicar con la concentración correcta, usando equipos calibrados: una dosificación excesiva puede causar fitotoxicidad (quemaduras en hojas o raíces), mientras que una dosis insuficiente reduce su efectividad. Es indispensable contar con instrumentos de medición precisos y seguir las recomendaciones específicas para cada tipo de uso.
- Realizar pruebas piloto antes de aplicar en todo el cultivo: previo a su uso en una parcela completa, es recomendable hacer pruebas en una pequeña área o grupo de plantas. Esto permite evaluar la tolerancia del cultivo y ajustar la dosis en función de las condiciones particulares de clima, suelo y especie vegetal.
- Utilizar Equipos de Protección Personal (EPP): el contacto directo con peróxido puede causar irritación en la piel, ojos o vías respiratorias. Es obligatorio usar guantes resistentes a químicos, gafas de seguridad, mascarilla y ropa adecuada para evitar el contacto accidental durante la preparación y aplicación.
- Capacitar al personal en su uso y manejo responsable: los operarios deben estar debidamente instruidos sobre cómo usar peróxido de hidrógeno en los cultivos y los protocolos de actuación ante un derrame o accidente. La capacitación constante es clave para prevenir errores humanos.
- Evitar la aplicación en horas de alta radiación solar: al ser un oxidante, el peróxido puede reaccionar más intensamente cuando se combina con luz intensa o altas temperaturas. Por ello, las aplicaciones deben realizarse preferiblemente en horas frescas del día, como temprano en la mañana o al final de la tarde.
Impacto del peróxido de hidrógeno en la sostenibilidad agrícola
El uso adecuado de este químico ofrece múltiples beneficios. Entre ellos, debemos destacar:
- Es un compuesto biodegradable y no persistente en el ambiente: contrario a lo que sucede con otros productos químicos tradicionales, el peróxido de hidrógeno se descompone rápidamente en agua (H₂O) y oxígeno (O₂), lo que minimiza los riesgos de contaminación en suelos, aguas subterráneas o cuerpos hídricos cercanos. Esta propiedad lo convierte en un desinfectante ideal en agricultura responsable.
- Reduce el uso de agroquímicos más agresivos: su efectividad como sanitizante de sistemas de riego, herramientas y superficies permite sustituir productos más tóxicos, como hipoclorito de sodio o sales cuaternarias de amonio. Esto implica una menor exposición del trabajador agrícola a compuestos corrosivos, así como una menor huella ambiental de la producción agrícola.
- Favorece cultivos más sanos y resistentes: mejora la oxigenación del sistema radicular, lo cual se traduce en raíces más fuertes, mejor absorción de nutrientes y una mayor resistencia del cultivo frente a patógenos del suelo. Esto reduce la necesidad de aplicar tratamientos fitosanitarios posteriores, lo que a su vez disminuye los residuos en la cosecha final.
- Aumenta la eficiencia hídrica en fertirriego: al actuar como biocida en líneas de riego y microaspersores, el peróxido previene la obstrucción de los sistemas por acumulación de algas, biofilm o residuos orgánicos. Esto permite una distribución más uniforme del agua y los nutrientes, optimizando su uso y evitando desperdicios.
- Se alinea con las certificaciones agrícolas sostenibles: muchas normas y certificaciones de producción limpia, como Global GAP u orgánicas, valoran positivamente el empleo de insumos biodegradables, no residuales y seguros para el trabajador. La utilización controlada del H₂O₂ se ajusta a estos estándares, haciendo más competitivo al productor agrícola en mercados internacionales.
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